
Amo el canto del zentzontle,
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero amo más a mi hermano el hombre

Cabalgo sobre sueños innecesarios y rotos,
prisionero iluso de esta selva cotidiana,
y como hoja seca que vaga en el viento,
vuelo imaginario sobre historias de concreto.
Navego en el mar de las cosas exactas,
muy clavado en momentos de semánticas gastadas,
y cual si fuera nube esculpida sobre el cielo,
dibujo insatisfecho mis huellas en el invierno,
ya que yo:
No tengo tiempo, de cambiar mi vida,
la máquina me ha vuelto una sombra borrosa,
y aunque soy la misma tuerca que han negado tus ojos,
sé que aún tengo tiempo para atracar en un puerto.
Camino automático en una alfombra de estatuas,
masticando en mi mente las verdades más sabidas,
como lobo salvaje que ha perdido su camino,
he llenado mis bolsillos con escombros del destino.
Sabes bien que:
Manejo implacable mi nave cibernética,
entre aquel laberinto de los planetas muertos,
y cual si fuera la espuma de un anuncio de cerveza,
una marca me ha vendido, ya, la forma de mi cabeza
ya que yo:
No tengo tiempo, de cambiar mi vida….
Rodrigo González
(Rockdrigo, El Profeta del Nopal)
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